domingo, 3 de enero de 2016

LOS MATARIFES DE LA FARMAFFIA

LOS LABORATORIOS APUNTAN SÓLO A LOS ENFERMOS TERMINALES

Cáncer S.A. o prevenir no es negocio

¿Por qué no se desarrollan drogas para prevenir el cáncer? 3 economistas demostraron que las compañías de medicamentos invierten mucho menos dinero en el desarrollo de drogas para prevenir o tratar el cáncer en sus etapas más tempranas, que lo que invierten para atacarlo en su etapa terminal.
El estudio estimó que la tendencia de beneficiar las drogas en pacientes con poca expectativa de vida hizo que se perdieran 890.000 años de vida en pacientes estadounidenses solamente, a quienes se les descubrió cáncer durante 2003.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Eric Budish, Benjamin Roin y Heidi Williams, en una investigación apoyada por prestigiosas instituciones como el Instituto Tecnológico de Massachusetts, la Universidad de Chicago y la Escuela de Leyes de Harvard, se dedicaron a estudiar la evidencia de 40 años de ensayos clínicos de drogas contra el cáncer, para tratar de responder a la siguiente pregunta: ¿Por qué se llevan a cabo muchos menos ensayos clínicos de drogas para la prevención y tratamiento del cáncer en sus etapas tempranas, que de drogas para la enfermedad en sus etapas terminales? 
 
"Las drogas para tratar los cánceres en sus últimas etapas son mucho menos costosas de desarrollar que las drogas para los cánceres en etapas tempranas, en parte porque las de las etapas terminales extienden la vida de la gente por períodos más cortos de tiempo", explica el portal Science Daily"Esto significa que los ensayos clínicos para estas drogas son finalizados más rápido también, y le proveen al fabricante de la droga más tiempo" de exclusividad en el mercado. 
 
¿Por qué es más redituable invertir en drogas que extiendan el tiempo de vida de los pacientes terminales de cáncer que en drogas que prevengan la enfermedad? 
 
Los investigadores analizaron 4 décadas de información de una amplia variedad de fuentes, entre ellas el Instituto Nacional del Cáncer (en USA), que lleva un registro de ensayos clínicos e información sobre la incidencia del cáncer en ese país y la supervivencia, así como datos de la FDA (Food and Drug Administration, agencia del gobierno de Estados Unidos responsable de regular los alimentos y los medicamentos), que es la encargada de aprobar las drogas contra el cáncer.
 
Una cuestión de rentabilidad 
 
En mayo de 2014, cuando Budish, Roin y Williams hicieron públicas las primeras conclusiones de su estudio, introdujeron al trabajo presentando las siguientes cifras: "En los últimos 5 años, se aprobaron 8 nuevas drogas para tratar el cáncer de pulmón", y en cambio, "no se ha aprobado nunca una droga para prevenir el cáncer de pulmón." 
 
Y todavía más: "Sólo 6 drogas se han aprobado en la historia para prevenir algún tipo de cáncer", en total. Mientras que este patrón podría estar reflejando la demanda del mercado o las dificultades científicas, para los investigadores, el núcleo de la cuestión es otro: la estructura misma del sistema de patentes de medicamentos. 
 
Es mucho más rentable para las compañías de medicamentos invertir en la investigación y el desarrollo de drogas que ataquen el cáncer en sus etapas terminales que invertir en aquellas que lo podrían prevenir o curar en sus etapas más tempranas. Esto se debe a la estructura misma del sistema de patentes, que le otorga a los innovadores un período fijo de exclusividad del producto en el mercado (en USA, por ejemplo, son 20 años). 
 
Esta etapa representa un pico en las ganancias y es el período en que, quien invirtió, recupera los costos. Luego, pierde la exclusividad de la patente y por lo tanto, baja mucho la ganancia. 
 
Lo que sucede es que para comenzar a comercializar el medicamento, debe estar aprobado por la FDA. Para ello, deben llevarse a cabo ensayos clínicos que determinarán eficacia y seguridad del producto, que pueden durar años. Tras patentar una droga, explica el diario The New York Times, las compañías de medicamentos compiten contrarreloj para demostrar que su producto es seguro y efectivo. 
 
El medicamento promedio sale al mercado cuando le quedan 12 años y medio de vida útil de patente protegida -exclusividad en el mercado, su etapa más rentable-. Cuanto más rápido completen el paso de las pruebas clínicas y consigan la aprobación de la FDA, más tiempo les queda hasta que la patente expira, que es el tiempo en que las ganancias están en su pico más alto. 
 
Demostrar la eficacia y seguridad de un medicamento contra el cáncer en etapas terminales suele ser mucho más rápido que hacerlo en drogas para tratar las primeras etapas del cáncer o prevenirlo, porque el cáncer en sus últimas etapas es agresivo y avanza rápido, y el criterio  tenido en cuenta casi exclusivamente es la supervivencia, no otros llamados "criterios indirectos de valoración", como por ejemplo si un tumor se redujo o si bajó la cantidad de glóbulos blancos cancerosos. 
 
Entonces, demostrar que un medicamento es efectivo en prevenir el cáncer, por lo tanto, es una tarea mucho más extensa. Así, termina siendo mucho más rentable investigar y desarrollar drogas contra las etapas terminales del cáncer, que contra su prevención y tratamiento en las etapas tempranas, por lo que ese tipo de investigaciones suelen recibir mayores incentivos económicos. 
 
890.000 años de vida perdidos
 
La investigación, la innovación y el desarrollo técnico en relación a la prevención y el tratamiento del cáncer en sus primeras etapas tiene un "alto valor social", le explicaron Williams, Budish y Roin al diario The New York Times. Sin embargo, su trabajo "demuestra que la sociedad le provee a las compañías privadas -quizás sin darse cuenta- sorprendentemente escasos incentivos para conducir este tipo de estudios." 
 
Entre 1973 y 2011, hubo 17.000 ensayos clínicos a pacientes con mínima chance de sobrevivir (los que tienen cáncer recurrente) y 12.000 a pacientes que están en la última etapa del cáncer (con un 90% de chance de morir dentro de los próximos cinco años). Pero hubo solo 6.000 que se centraron en los pacientes de cáncer en etapas tempranas -un 30% de chance de morir- y solamente 500 ensayos clínicos para la prevención de cáncer. 
 
La tendencia es más marcada cuando se trata de ensayos financiados por privados que por públicos. El estudio estimó que la tendencia de beneficiar las drogas en pacientes con poca expectativa de vida hizo que se perdieran 890.000 años de vida en pacientes estadounidenses solamente, a quienes se les descubrió cáncer durante 2003.
 
Posibles soluciones
 
Para revertir esto, el estudio propone algunas ideas:
 
> Una, que está incluida en una legislación que está ahora avanzando en el Congreso estadounidense, propone concederle la aprobación del FDA a los medicamentos basándose en criterios indirectos de valoración y no -casi en exclusiva- en la supervivencia. "Cuando tienes buenos criterios indirectos de valoración, ves un incremento dramático en la inversión en investigación y desarrollo, lo que significa más vidas salvadas", explicó Roin, según el Science Daily. Al acelerar el proceso de aprobación de la FDA, la investigación y desarrollo de drogas contra el cáncer en etapas tempranas pasaría a ser (por lo menos) igual de rentable que el de las etapas terminales, y recibiría mayores incentivos económicos.
 
> Otra, es extender el período de exclusividad de una droga en el mercado para compensar la demora extra que demanda en ser comercializado, como es el caso de las drogas para la prevención del cáncer. La ley Hatch-Waxman, del año 1984, ya permite una extensión parcial (medio año por cada año de ensayo clínico, hasta un máximo de 5 años adicionales, según el Times). El análisis de Budish, Roin y Williams muestra que esto es una buena iniciativa, pero aún así hay muchas potenciales drogas que tienen muy cortos períodos de exclusividad en el mercado.
 
> Una 3ra. opción sería  conseguir mayor financiamiento público en investigación y desarrollo de drogas contra el cáncer, ya que ese financiamiento está exento de la necesidad de resultados a corto plazo tras los que corre el sector privado. (Las 6 drogas que existen hoy para prevenir el cáncer han sido desarrolladas gracias al financiamiento público o bien estuvieron basadas en el "criterio de valoración indirecta".)
 
En cualquier caso se impone resolver un problema que termina provocando la muerte de más personas... en un contexto de investigación farmacéutica de gran eficiencia. Sin duda, una gran contradicción científica.

...PRIMO,DAME ALGO.......

El último refugio para primates, en peligro de extinción por falta de fondos

Los 135 simios protegidos en el centro de conservación Rainfer podrían ser sacrificados en primavera ante la ausencia de presupuesto y subvenciones



Los ojos vivos y agitados de una pareja de capuchinos nos dan la bienvenida.Mezcla de curiosidad y recelo, nuestra figura quizá les recuerde por qué están al otro lado de la verja. Aunque solo sea una suposición, puede que también imaginen el motivo de la visita. Como otros 133 simios de diferentes especies, han sido rescatados de circos, zoos o particulares, donde fueron maltratados durante años. Ahora, protegidos en Rainfer, un espacio madrileño de conservación de primates, se asoman al desahucio por los problemas económicos del centro, creado en 1995 y cuyo desarrollo se ha basado en el trabajo altruista de su fundador.
La situación es tan compleja como delicada. El 80% de los animales son propiedad del Estado, procedentes de decomisos y abandonos, pero su contribución resulta irrisoria: apenas 20.000 euros al año, una cifra equivalente al presupuesto de un mes de invierno, cuando se gastan los 12.000 euros habituales de la comida más otros 4.000 por la aclimatación de los cobertizos donde se refugian. El desentendimiento resulta aún más evidente si se tiene en cuenta el millón de euros que se recaudan al año en multas por el tráfico ilegal de monos.
Según la subdirectora del centro, Marta Bustelo, en la actualidad cuenta con fondos para cuatro meses más. «Si la situación no cambia, no queremos ni imaginar lo que pasaría», lamenta. No lo dice, porque directamente no es una opción, pero la idea del sacrificio acecha. De hecho, en algunas de las reuniones que han mantenido con la Administración es una de las soluciones planteadas. Casi la única.


El terreno disponible, de cuatro hectáreas, aún permite acoger más animales, pero desde hace dos años no reciben a ninguno por la precariedad económica. Su supervivencia es fruto de la dedicación de Santiago Bustelo, el padre de Marta, del equipo y de las donaciones privadas. Bustelo, reconocido primatólogo y director de Rainfer, lo creó tras experimentar en primera persona lo nocivo que es para un simio vivir como una mascota, fuera de su hábitat.
Su ubicación, en Madrid, es un secreto que la entidad se afana en mantener por la amenaza de los traficantes de monos. Cada uno de los enormes jaulas y habitáculos en los que permanecen los primates han sido levantados por los trabajadores: una plantilla formada por seis personas fijas, contando a cuidadores, veterinarios y personal de mantenimiento, más los voluntarios. Ante la urgencia de darse a conocer y «crear conciencia», organizan excursiones de colegios y talleres y actividades para niños. «Es necesario concienciar de que un mono no puede estar en una casa; y que para poder capturarlo matan a toda su familia», indica Bustelo.

Maltratos sistemáticos

El concepto de jaula, sin embargo, no sirve para definir las instalaciones construidas, aunque se delimiten con vallas. Se trata de enormes terrenos habilitados que tratan de trasladar a los primates a un lugar que prácticamente han olvidado o ni siquiera conocen. Muchos han nacido en cautividad; una huella que sí está presente en los comportamientos y conductas. En mayor o menor grado, todos tienen actitudes y apariencias anómalas. Sirva como ejemplo el raquitismo que caracteriza a todos los chimpancés que habitan en el centro. Sin excepción, tienen la columna deformada después de años hacinados en espacios minúsculos.
Aunque la mayoría llegó con enfermedades, como diabetes o gastritis (Mario, uno de los macacos, recaló con úlceras en su aparato digestivo por mala alimentación), las secuelas más profundas remiten al terreno psicológico. Todos los primates necesitan vivir en comunidad, con otros miembros de su especie, pero su «humanización» los ha convertido en seres asociales y, a menudo, agresivos. Todavía hoy, después de varios años de tratamiento, en uno de los tres grupos de chimpancés hay ejemplares con agorafobia. Aunque ya pueden compartir espacio con otros monos, les aterra salir al exterior.
Cada uno de los 135 ejemplares tiene un nombre y una historia. Sammy, un chimpancé de 27 años, fue abandonado en un carro por los propietarios de un circo, desnutrido y con heridas y quemaduras de cigarillo por todo el cuerpo. Su mirada, casi humana, revela el nivel de crueldad que puede alcanzar el hombre. Un paseo por el centro de conservación aflora sentimientos encontrados; reconocimiento por la labor desarrollada, pero también incomprensión por la dejadez de un problema que parece no interesar a nadie.
Según explicó a ABC, los monos no aprenden a través de estímulos y premios como un perro, sino que lo hacen con castigos. Por ello, es habitual que a los chimpancés se les arranquen dientes o dedos para convertirlos en zombis que mostrar en un circo. Cuando no sirven, son abandonados o apaleados, como Gombe, enfermo del «mal de la mano ajena» (una forma de epilepsia) y desatendido por su inutilidad para las exhibiciones. Pero tampoco en su mal llamada «vida útil» gozan de los cuidados necesarios. Su alimentación se basa en la fruta y en la verdura, y en estos espectáculos ambulantes eran alimentados con patatas fritas o bollería industrial.
En total, en Rainfer viven dieciséis chimpancés, en su mayoría rescatados de un circo de Valencia. Salvo Manuela, que se crió en el centro, todos rechazan a los humanos. No son los únicos. También lo hace Boris, un orangután de 34 años que, con rinitis crónica y los músculos atrofiados, se altera cuando ve a un hombre con barba. Es el reflejo del horror sufrido durante su vida, de zoo en zoo hasta acabar en Madrid, a resguardo junto a dos viejos jibones. Además de estos monos, en este pequeño «Planeta de los Simios» haylemures, cercopitecos y macacos de diferentes tamaños, como uno de Cola de León, entre otros.

Único en el mundo

Las dificultades económicas actuales son la antítesis de la consideración de Rainfer en el mundo, en una posición única. La primatóloga Jane Goodall, reconocida como una de las mayores expertas en chimpancés a nivel mundial, ha visitado en numerosas ocasiones el centro. Según nos cuentan, les une una amistad de años y una pasión en común.
No hace mucho tiempo, el trabajo desarrollado despertó el interés de diferentes investigaciones. Fue el caso del grupo de Atapuerca, a través de un estudio en el que se comparaba la audición de los chimpancés con los fósiles hallados. Acabó por falta de inversión. El mismo fantasma que acecha de nuevo.