lunes, 27 de febrero de 2017

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Matilde Moyano
El tabaco “se ha quedado a años luz” de la alimentación como causa del cáncer, advirtió Javier Espinosa, e indicó que los químicos utilizados en la elaboración de alimentos y las sustancias con las que se tratan las cosechas favorecen la proliferación de células cancerígenas.
Casi 250.000 personas son diagnosticadas de cáncer en España cada año. Se trata de una cifra que “da vértigo”, según expresó Javier Espinosa, jefe de servicio de oncología del Hospital General Universitario de Ciudad Real, quien brindó una conferencia sobre nuevas terapias en la I Jornada Informativa de la Junta Provincial de la Asociación Española Contra el Cáncer de Ciudad Real.
Lo alarmante es que de todos los factores de riesgo conocidos, como el tabaco, alcohol, radiaciones, y los fármacos, este médico puso el acento en la alimentación:
El tabaco “se ha quedado a años luz” de la alimentación como causa del cáncer, advirtió Espinosa y apuntó a los productos químicos empleados en la elaboración de los alimentos o las sustancias con las que se tratan las cosechas favorecen, a lo largo del tiempo, la proliferación de células cancerígenas.
En Argentina, la situación de riesgo en que nos pone el modelo de agroproducción actual es desconocida por la mayoría de la población, y ya se cumplieron 20 años desde que el Estado comercializa las semillas transgénicas de Monsanto y los agroquímicos que las acompañan, como el glifosato, sobre el cual la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya advirtió en 2015 que puede causar cáncer, además de una investigación de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) que demostró que este causa un mecanismo de toxicidad en el desarrollo y funcionamiento del sistema nervioso.
Recordemos que en Argentina 1 de cada 5 personas que mueren es por cáncer, pero en los ‘pueblos fumigados‘ (los pueblos que sufren las fumigaciones aéreas con agroquímicos) mueren de cáncer 1 de cada 3 personas, y en algunos pueblos como San Salvador, se mueren 1 de cada 2, como indican las estadísticas de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados.
Según Espinosa, los gobiernos tendrán que sentarse y asumir que es mejor la prevención (por la gente que está muriendo, por un lado, y por el gasto que supone intentar curar la enfermedad) que tratar el cáncer. Es más, le resulta “increíble” la poca cantidad de medios que se destinan a prevenir esta enfermedad, ya que es la primera causa de muerte en España (En el hombre, el cáncer más habitual es el de próstata, aunque es el de pulmón el que más mortalidad produce. Y en la mujer, los casos más diagnosticados son de cáncer mama, colorrectal y ginecológico).
Asimismo, el riesgo de morir descendió en la última década gracias a la detección precoz, especialmente en los cánceres de colon y mama, y a la mayor eficacia de los tratamientos. El médico se refirió a la quimioterapia, que avanzó poco y que produce los conocidos efectos secundarios, por lo que destacó otros tratamientos más precisos como los anticuerpos monoclonales, los inhibidores de señales intracelulares y la hormonoterapia.

domingo, 26 de febrero de 2017

BUENO,CANESSA,ALGO DE SUERTE,TUVISTES

Roberto Canessa: "No existe la suerte, sino las oportunidades"

A más de 40 años del accidente aéreo de los Andes, el reconocido cardiólogo uruguayo publicó, junto con el escritor Pablo Vierci, Tenía que Sobrevivir, libro que cuenta cómo influyó esa experiencia en su día a día
LA NACION
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El fuselaje del avión en la Cordillera de los Andes, en enero de 1973
El fuselaje del avión en la Cordillera de los Andes, en enero de 1973. Foto: Fuerza Aérea Uruguaya
Roberto Canessa sabía que para escribir sobre su vida era necesario haberla vivido. Y ahora, pasados los 60 años, a más de cuatro décadas de la tragedia de los Andes, era la oportunidad para contar qué había sucedido con uno de los 16 que habían sobrevivido. Y así, una mañana en su casa, conversando con su amigo de la infancia, el escritor Pablo Vierci, surgió una idea que hoy cruza Tenía que sobrevivir, el libro publicado en diciembre, en la Argentina, que ambos escribieron: el paralelismo entre aquella ventana del fuselaje y la ventana del ecógrafo con el que trabaja. Esa epifanía le revelaba a Canessa, hoy un reconocido cardiólogo infantil, cómo la experiencia en la montaña había influido en su vida, para qué había sobrevivido. "En la Cordillera, a través de la ventana del fuselaje, yo miraba en la Luna la esperanza de vivir. Y esa ventana es hoy la misma que la pantalla del ecógrafo, donde examino el corazón de un niño que está por nacer", cuenta Canessa a LA NACION desde Madrid, donde viajó desde Montevideo a dar una conferencia.
El hecho histórico, para Canessa, ya se había narrado: aquel 13 de octubre de 1972, cuando un ala del Fairchild 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, que llevaba 45 hinchas y jugadores del club de rugby Old Christians, golpeó una cumbre de la Cordillera de los Andes, y el avión se partió y cayó sobre la nieve. Los vivos, los muertos, los heridos. Pasar dos horas haciendo agua, gota por gota, para llevársela a un amigo que estaba peor. Escuchar en la radio que la búsqueda se había suspendido. El alud. Entender que los prótidos, glúcidos y lípidos de los músculos de sus amigos muertos eran un combustible útil para ganar tiempo de vida. Tomar la decisión, con 19 años, de emprender junto con Fernando Parrado la caminata hacia el Oeste, sin vuelta atrás. Diez días de travesía, que se sumaban a los 60 en la montaña, hasta encontrar a ese arriero silencioso. Ahora, con este libro, quiso contar qué pasó después.
Nando Parrado, el arriero Sergio Catalán y Roberto Canessa
Nando Parrado, el arriero Sergio Catalán y Roberto Canessa. Foto: El País de Uruguay
- Usted se pregunta cuál es la frontera entre la vida y la muerte. ¿Encontró la respuesta?
No sé cuál es. Por eso le pido al lector que me ayude a encontrarla. Sabiendo que todos nos vamos a morir, ¿a qué distancia estamos? ¿Podemos postergar la muerte? ¿Es el hombre capaz? ¿O es solo el destino? Yo creo que lo podemos cambiar. Sin soberbia, creo que lo hemos cambiado ya algunas veces. La vida es un cúmulo de decisiones. No creo que exista la suerte, sino las oportunidades.
- ¿Qué lo empujó a la cardiología infantil?
Mi padre era profesor de cardiología. Yo estaba haciendo las primeras armas en medicina, y justo con él empezó a trabajar un médico que hacía cardiología infantil. Me pareció interesante ,porque eran corazones cero kilómetro que venían mal armados de fábrica. Le acomodabas eso y salía un chorro de vida para siempre. No era como la cardiología adulta que son corazones maltratados con arterias que hay que tratar de recauchutar. Ese tuneado que se le hace con toda una vida por delante, con una vida que va a perdurar más que la mía, me pareció un desafío poderoso.
- ¿Y por qué se inclina por las cardiopatías congénitas de los que aún no nacieron?
Por los que no pueden vivir. Por los que no van a poder nacer. Por los que en esa radio, diez días después de los Andes, escuché decir "se ha suspendido la búsqueda, no hay sobrevivientes de aviones en la Cordillera de los Andes". Ese mensaje es el mismo desafío de esos niños que les han dicho que no pueden vivir, ese consenso social que habla de muy pocas probabilidades. Esas cosas de la sociedad me rebelan. Cuando salimos de los Andes, que nos habían dado por muertos, ni siquiera ahí reconocieron que estábamos vivos. ¡Nos llamaban resucitados! Yo hacía dos meses que me estaba muriendo y me venían a llamar resucitado. Nos salvamos porque éramos un equipo, porque pudimos caminar diez días, porque pudimos encontrar al arriero. Todas esas incongruencias del mundo me parecen muy divertidas. Porque nos hacen repensar las cosas de una manera diferente. Viví la lucha más ancestral del hombre que es contra la naturaleza. ¿Qué trauma? Cuando salí estaba fascinado de la vida. Mi única tristeza era por la familia de los que no habían vuelto.
- ¿Cuál es la principal lección que trajo de la Cordillera?
No esperes a que se te caiga el avión para darte cuenta todo lo que tenías y lo feliz que sos. Y tampoco esperes mucho los helicópteros, porque pueden no venir.
- El título del libro, Tenía que sobrevivir, da pie a diferentes interpretaciones. ¿Por qué lo eligieron?
Yo tenía que sobrevivir porque tenía que decirle a mi madre que no llorara más, que tenía razón. La gente iba a darle el pésame, y ella les decía: "Él está vivo".
Su hijo Hilario tenía 4 años cuando en el jardín de infantes se le acercaron unos compañeros y le dijeron: "¿Sabías que tu padre se comió a los amigos?" Él les respondió: "Sí, vengan que les cuento cómo fue". Para Canessa esta anécdota narrada en el libro muestra esa sabiduría de los niños que en los adultos está contaminada por la sociedad del llano.
Canessa y su esposa Laura, en el jardín de su casa, hace tres años
Canessa y su esposa Laura, en el jardín de su casa, hace tres años. Foto: Gentileza familia Canessa
-¿Siente culpa por aquel episodio?
-Fue de los momentos más tristes de mi vida. Sentís una humillación y una denigración humana importante. No es ni asco, ni culpa. Es humillarse hasta lo más bajo del ser humano. Yo creo que con esa carne, a las cuatro de la tarde, cuando nevaba, con todo congelado, todo frío, cuando parecía que todo estaba en contra, ese pedacito que agarrás y la boca no se quiere abrir, lo único que decís es por qué hay que hacer esto. Y ahí pensé: "Bueno, si quiero volver tengo que alimentarme". Eso después se transformó en algo común, no fue un tema que implicaba un trauma diario. Después ya formó parte de comprar el tiempo para seguir adelante. Es importante relatar esas cosas para que la gente se dé cuenta qué te pasa cuando tenés todas en contra.
- ¿Se siente cómodo con la naturaleza?
Sí, a veces las noches de invierno, me gusta salir a mirar las estrellas y sentir el frío, sentir que estás vivo. Yo hace mucho tiempo miraba esas mismas estrellas y pensaba que no iba a vivir.
- En el libro también habla de la fuerza que cada uno tiene para empujar nuestros límites...
-Sí, y saber que cada paso es un paso. Estás más cerca, no sabés dónde está la meta, pero el compromiso es ese. El morir caminando. Yo creo que vivir la vida es un poco eso de que te agarre caminando y no te agarre vencido, sin entregarte.
La actriz Miriam Díaz Aroca y el rapero Chojin junto a las 'mujeres de Sol' en la concentración de este domingo. PÚBLICO

sábado, 25 de febrero de 2017

Qué aportó el ADN neandertal a los genes humanos

    El cruce entre neandertales y humanos modernos sigue reflejándose en la actualidad en la expresión de nuestros genes. Un nuevo estudio confirma que las secuencias de ADN neandertal aún influyen en la activación o desactivación de los genes de humanos modernos. Los científicos señalan en particular un gen neandertal que contribuye a reducir el riesgo de esquizofrenia, pero que influye en la altura de las personas.

    <p>El último neandertal vivió hace 40.000, pero gran parte de su genoma perdura a través de los humanos modernos. / Fotolia</p>
    El último neandertal vivió hace 40.000, pero gran parte de su genoma perdura a través de los humanos modernos. / Fotolia
    El último neandertal vivió hace 40.000, pero gran parte de su genoma perdura a través de los humanos modernos. Hasta ahora los científicos desconocían el impacto que ha tenido la contribución génica de los neandertales en los humanos modernos. Un nuevo estudio, publicado en la revista Cell, demuestra que las secuencias de ADN neandertal todavía influyen en cómo se activan o desactivan los genes en los humanos modernos.
    Según los científicos, liderados por la escuela de Medicina de la Universidad de Washington (EE UU), los efectos de los genes de los neandertales sobre la expresión génica probablemente contribuyen a rasgos como la altura y la susceptibilidad a la esquizofrenia o al lupus.
    “Incluso 50.000 años después del último cruce entre humanos y neandertales, podemos ver impactos medibles en la expresión de los genes. Esos cambios contribuyen a la variación fenotípica de los humanos y la susceptibilidad a las enfermedades”, dice Joshua Akey, genetista en la Escuela de Medicina de la universidad estadounidense y coautor del trabajo.
    "Incluso 50.000 años después del último cruce entre humanos y neandertales, podemos ver impactos medibles en la expresión de los genes"
    Estudios anteriores habían hallado correlaciones entre los genes neandertales y rasgos como el metabolismo de la grasa, la depresión y el riesgo de sufrir lupus. Pero como de los fósiles neandertales solo se puede extraer el ADN y no el ARN (ácido ribonucleico), hasta ahora los científicos no han podido saber exactamente de qué manera influyen los genes neandertales. Lo que sí han podido hacer es analizar la expresión génica de los humanos modernos que poseen ancestros neandertales.
    Influencia sobre la altura y la esquizofrenia
    En este estudio, los investigadores analizaron secuencias de ARN en bases de datos del proyecto llamado Genotyope-Tissue Expression, en busca de personas que llevaran versiones de cualquier tipo de gen neandertal y humano moderno (una versión de cada padre). A continuación, compararon la expresión de los alelos –formas alternativas que puede tener un mismo gen– en 52 tejidos diferentes.
    “Encontramos que en el 25% de todos los tejidos que analizamos, pudimos identificar diferencias en la expresión entre el alelo neandertal y en el del humano moderno”, señala Rajiv McCoy, otro de los autores e investigador en la misma universidad.
    La expresión de los alelos neandertales tendió a ser especialmente baja en el cerebro y en los testículos, lo que sugiere que estos tejidos pudieron experimentar una evolución más rápida desde que los humanos modernos divergieron de los neandertales hace 700.000 años. “Podemos deducir que las mayores diferencias en la regulación génica entre humanos modernos y neandertales se encuentra en el cerebro y los testículos”, subraya Akey.
    El estudio revela por otra parte el hallazgo de un alelo neandertal de un gen llamado ADMTSL3 que disminuye el riesgo de esquizofrenia, pero que influye en la altura. “Nuestros resultados demuestran que la mutación causal fue heredada de los neandertales”, declara McCoy.
    Sin embargo, la conexión entre la proteína modificada, la altura y la esquizofrenia aún requiere más investigación, pero según los científicos es un ejemplo de cómo pequeñas alteraciones entre humanos modernos y neandertales pueden contribuir a la diferencia entre las personas.
    Referencia bibliográfica:
    McCoy et al.: "Impacts of Neanderthal-introgressed sequences on the landscape of human gene expression" Cell 23 de febrero de 2017

    ASI ES EUROPA Y LOS CULIBLANCOS

    viernes, 24 de febrero de 2017

    Crujirse los dedos de las manos, una sana costumbre: niegan que cause artritis

    Los últimos estudios médicos afirman que  no aumenta la inflamación de las articulaciones.
    Crujirse los dedos de las manos, una sana costumbre: niegan que cause artritis
    Crack, crack, crack. Presionar los nudillos, un juego de muchos. Foto: Adrasti
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    Para algunos, apretarse las articulaciones de las falanges de los dedos de las manos y los nudillos a la espera de un ¡crack, crack, crack! resulta liberador, es un juego que los acompaña día a día. Para otros, sentir esos sonidos resulta simplemente escalofriante. Y entre los médicos también la opinión está dividida. Antes coincidían en que hacía mal. Pero ahora, varios afirman que esto no es tan así.
    Justo un año atrás, varios fisioterapeutas de España lanzaron una campaña advirtiendo sobre los riesgos de crujirse las articulaciones. Pero ahora la cosa cambio. “Desde un punto de vista médico no es ni bueno ni malo. Por ahora no hay ningún indicio de que crujirse los dedos sea dañino, y hay varios estudios que hablan al respecto”, explica Ignasi Cebrecos, fisioterapeuta y osteópata.
    “Años atrás se creía que crujirse los dedos era un factor de riesgo para acabar sufriendo una degeneración prematura de las articulaciones de la mano”, sigue, “pero ya en la década de los 90 apareció algún estudio que descartaba esta relación”.
    En concreto, un análisis del servicio de Medicina Interna del hospital Mount Carmel Mercy de Detroit concluyó que “no hubo mayor preponderancia de artritis de la mano en ninguno de los grupos” estudiados (300 participantes menores de 45 años) acostumbrados a crujirse los dedos.
    “Los últimos estudios afirman que no aumenta la inflamación de las articulaciones cuando se crujen, ni siquiera varía la capacidad de contracción de éstas. En todo caso se evidencia un aumento del rango de movimiento de las articulaciones después de crujir y un incremento del espesor del cartílago que rodea estas articulaciones en aquellas personas que tienen la costumbre de hacerlo de forma regular”, sostiene Cebrecos.
    Pero, ¿qué estamos haciendo cada vez que nos apretamos los nudillos? Al presionar las articulaciones “disminuimos de forma repentina la presión del interior de la cápsula articular que contiene el líquido sinovial, lo que provoca que los gases disueltos en este líquido se liberen en la cavidad de la articulación provocando este sonido audible tan característico”, dice el especialista.
    Todas las articulaciones están rodeadas por una cápsula sinovial con un líquido y cierta cantidad de gases (oxígeno, nitrógeno y dióxido de carbono), cuya función principal es lubricar las articulaciones para que los huesos no se desgasten, explican los fisioterapeutas. Al comprimirlas liberamos estos gases, que luego se recuperan. “Una vez liberado el gas, hay un período de latencia de unos minutos donde la composición del líquido vuelve a la normalidad y se puede volver a provocar el ruido”, cuenta.
    Para Ignasi Cebrecos el argumento definitivo de que crujirse los nudillos no es más que un vicio inocuo lo personifica Donald Unger. Este médico californiano obtuvo en 2009 el premio Ig Nobel (un reconocimiento a los que estimulan el interés de todos por la ciencia, la medicina, y la tecnología) tras pasar 60 años haciendo sonar los nudillos a diario. Durante seis décadas comprimió, por lo menos dos veces al día, las articulaciones de la mano izquierda para ver si, con el paso del tiempo, la salud de esa mano sufría. Y nada. Ambas extremidades funcionan por igual y sin síntomas de artritis ni de otras dolencias articulares

    jueves, 23 de febrero de 2017

    ES EL AZAR,IMBECILES

    Por fin conocemos la razón por la que somos zurdos o diestros

    Investigadores alemanes han encontrado la causa por la que nacemos prefiriendo usar una parte del cuerpo o la contraria y no está en el cerebro.


    Entre un 10% y un 15% de la población (las cifras oscilan dependiendo de la estadística que consultemos) es zurda. Su existencia no está determinada por la raza, ni el sexo ni su lugar geográfico: quizá usted lo sea, o su padre o su compañero de mesa. El halo de misterio que envuelve a los que escriben con la mano izquierda les ha relacionado con la pintura, la música y la introversión, mitos que la ciencia se ha ido encargando de borrar a su paso. La explicación de por qué algunas personas muestran destreza con una mano (o un pie) y el resto con la contraria, o con ambas, hasta ahora se antojaba un enigma. Aunque se relacionó durante mucho tiempo con el resultado de la actividad que registraba el hemisferio derecho o izquierdo del cerebro durante el desarrollo del feto, un nuevo estudio ha desechado esta causa y ha resuelto el misterio.
    Los investigadores de la Universidad Ruhr de Bochum (Alemania) señalan en un artículo publicado en la revista eLife que, aunque esta habilidad sí se desarrolla en el vientre materno, su causante no es el cerebro, sino la médula espinal. Los científicos detectaron que a las ocho semanas de gestación ya existen marcadas diferencias genéticas entre zurdos y diestros. La expresión de ciertos genes de la médula espinal, encargados de controlar el movimiento de las piernas y los brazos es distinta para cada uno de estos grupos.
    Desde la década de los 80 se conoce que “la preferencia por utilizar una u otra mano se desarrolla en el útero ya en de la octava semana de embarazo. A partir de la decimotercera, ya eligen chupar el pulgar derecho o izquierdo”, cuentan los investigadores. Los movimientos de las extremidades de los niños están controlados por la médula espinal, que ordena un movimiento con las instrucciones de la corteza cerebral: sin embargo, y aquí viene el hallazgo, estas dos partes del cuerpo no están comunicadas en fases tan tempranas de la gestación, por lo que los investigadores concluyen que ser zurdo o diestro lo determina directamente la médula espinal.

    ¿Por qué somos diferentes?

    Pero esto sigue sin explicar por qué unos usamos un lado de nuestro cuerpo y otros el contrario: rastreando la causa de esta asimetría, los expertos han hallado que la preferencia por usar la mano izquierda o la derecha no viene escrita desde el principio en el ADN, sino que depende de factores ambientales (aún por determinar) producidos durante el embarazo. Es decir, influye la epigenética: el ADN es una cadena de genes en la que algunos se expresan y otros no, dependiendo, en muchos casos, de estímulos externos. La explicación de la lateralidad, según los expertos, estaría en cómo "estas influencias ambientales afectan de distinto modo a la izquierda o la derecha de la médula espinal".